Hace muchos años, hablando con un estudiante de ingeniería le comenté que me encantaba la danza porque unía tiempo y espacio: el desarrollo del espacio con duración. Él me explicó que tiempo y espacio son lo mismo o al menos son interdependientes. Garabateó unas fórmulas en un pizarrón y se fue contento. Yo, no entendí nada en ese momento.

 

Llegué al Museo Nacional de Arte Oriental sabiendo que iba a ser feliz por dos horas al menos. La pregunta basal que guiaba la mesa debate (y mi tesis de doctorado) era con qué y cómo la arquitectura japonesa puede enriquecer el quehacer local. Todos los que participamos estuvimos de acuerdo que una posibilidad era a través de conceptos espaciales. Hay algunas continuidades que se dan a lo largo de la historia de la arquitectura japonesa.

 

En el encuentro se nombraron varios, entre ellos la utilización de límites espaciales poco rígidos. Los límites espaciales no son taxativos y están materializados por puertas móviles y materialidades diversas.

 

Hay espacios que funcionan como espacio intermedios, umbrales. El engawa, nombrado por todos,  es un espacio que se extiende desde el interior pero se encuentra en el exterior. En general está semicubierto y elevado con respecto al nivel del jardín. Miabi Hatanaka (@miabi.design) ilustró con un proyecto rural, la posibilidad de reinterpretar la galería de nuestro contexto, con el engawa japonés. También rescató la idea del genkan, el espacio de entrada a los edificios. Al abrir la puerta de la calle, hay un pequeño espacio para descalzarse y al subir un escalón, nos encontramos dentro de la vivienda. Gabriel Kaizoji (@mateytatami) mostró esos límites materializados con shojis. Los Shoji son puertas corredizas de bastidores de madera que permiten por su materialidad de papel de arroz el paso de la luz tamizada. De esta manera, no solo materialmente, sino fenomenológicamente esos límites espaciales se difuminan. El arq. Kaizoji destacó la importancia de la luz, y especialmente de la sombra (penumbra) en la arquitectura japonesa

 

Otra  de las ideas que se discutieron fue el concepto de MA. Ma puede entenderse como vacío, o mejor dicho es un espacio en el cual existe la potencialidad de que  muchas cosas sucedan. Refiere tanto a intervalo de tiempo como de espacio. El estudio SHIDO conformado por Mitsue Kido y Manuel Shibuya (@estudio.shido) ilustró con la Casa Bonifacio esta posibilidad llevada a un entorno urbano de la ciudad de Buenos Aires. La idea de “patio” sumado al concepto de MA, crea el núcleo de la casa porteña.

 

Durante la mesa-debate coincidimos en algunas ideas, nos diferenciamos en otras. Gabriel Kaizoji y Miabi Hatanaka se criaron en Colonia Urquiza[1],  y nombraron la idea de pertenencia y comunidad. En una época signada por el uso del celular que nos mantiene aislados, poder encontrarse físicamente y crear lazos es algo fundamental y fundante. Alguna vez un arquitecto de Noruega explicaba que cuando trabajaba en el exterior, comenzaba primero por encontrar los que tenía en común con esas personas, y luego crecían aportando cada uno sus diferencias. Gracias a los disertantes y a los asistentes por permitirme, permitirse y permitirnos construir momentos felices en comunidad, juntos.

 

Por un momento nosotros como arquitectos fuimos constructores de tiempo (momentos, experiencias) también. Tal vez sí tiempo y espacio sean lo mismo. 

 

Arq. Valeria Matayoshi (@estudiomabsas)

 

[1] Colonia Urquiza es una localidad cercana a La Plata donde hacia la década de 1960 se asentaron inmigrantes japoneses.

 

 

 

 

Imágenes de la charla Arquitectura Japonesa en Argentina, realizada en el Museo Nacional de Arte Oriental. En la primera fotografía se observa al público asistente. En la segunda, de izquierda a derecha: Martín Churba, Miyabi Hatanaka, Gabriel Kaizoji, Mitsue Kido, Manuel Shibuya y Valeria Matayoshi.

 

 

 

Como continuidad de las conversaciones y reflexiones compartidas en este evento, los invitamos a participar del Seminario Online de Arquitectura Japonesa: Conceptos Estéticos, dictado por la arquitecta Valeria Matayoshi.

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