En su libro Japón eterno, la escritora Amélie Nothomb dedica uno de los capítulos al kōdō, el camino del incienso. Nothomb se pregunta por qué en Japón se dice “escuchar el incienso”. Encuentra una respuesta en las palabras de su entrevistado, Pierre-Yves Colombel, que dice que se trata de un despertar de los sentidos: “No se trata solo de oler, sino de sentir, con todo nuestro ser, el aroma de la madera de incienso y lo que este nos aporta”.
Lo que se escucha es lo que el aroma despierta en nosotros, o lo que nos cuenta. Así como suena: el aroma nos trae recuerdos, paisajes. Es evocativo. Y es único en cada uno de nosotros. Sosteniendo el recipiente de incienso entre las manos, como si fuera un pequeño corazón, acercamos la nariz e inhalamos con los ojos cerrados. El olfato es un medio que nos va guiando en este viaje sensorial.
En el encuentro que compartiremos en Casa Yui voy a presentar distintos formatos de incienso para disfrutar y explorar. Voy a compartir fragmentos de libros para acompañar estas fragancias y, por un rato, el tiempo estará suspendido. En el siglo XV, el monje Ikkyū Sōjun transcribió del chino estas diez cualidades del incienso que me gustaría traer al presente:
“Las diez virtudes del incienso”
Posibilita la comunicación con lo trascendente.
Purifica la mente y el cuerpo.
Limpia lo sucio.
Abre los ojos.
Es una compañía en la soledad.
Trae un momento de calma en medio de un día agitado.
Cuando es abundante, una nunca se cansa de él.
Cuando hay poco, una se contenta con lo que hay.
Bien guardado, no se echa a perder.
Su uso cotidiano no hace daño.
Mi deseo es que este contacto cercano con la sensibilidad del incienso japonés sea una forma de dar a conocer otro aspecto de Japón vinculado a los sentidos. Y que, por un rato, podamos olvidarnos del ajetreo cotidiano para reposar en la quietud del incienso.
Malena Higashi
