El club de lectura nació como un gesto simple: queríamos leer textos japoneses y, sobre todo, queríamos acompañarnos en esa lectura. Porque hay conceptos que son hermosos pero a veces lejanos, palabras que nos intrigan, maneras de pensar que no se dejan atrapar a la primera.
Así que nos reunimos alrededor de té y dulces japoneses, en una mesa que fue también un espacio para la pausa, la pregunta y la charla sin apuro.
La idea, desde Casa Yui, es convocar a artistas y expertos en literatura para que sean ellos quienes propongan, guíen y abran el diálogo. En esta ocasión, nos acompañaron Andi Parejas y Martín Felipe Castagnet, y fueron ellos quienes hicieron la selección de textos:
Leímos "El termo" de Yukio Mishima (1962), un cuento breve pero denso, donde lo cotidiano se vuelve símbolo y la muerte se asoma sin estridencias. Y para acompañarlo, eligieron un ensayo de Soetsu Yanagi sobre el museo de artesanías populares de Japón, un poema de Sakutarō Hagiwara y una estampilla monocroma de Katsushika Hokusai que nos devolvió una versión inesperada de la Gran Ola.
Fue Andi y Martín quienes nos ayudaron a entrar en la obra de Mishima desde esa tensión que lo atraviesa: un autor ultramoderno y cosmopolita, pero a la vez un defensor a ultranza de las tradiciones de su país. Una mezcla feliz, literariamente hablando, de elementos japoneses y occidentales, que describe gran parte de la historia japonesa de los últimos ciento cincuenta años.
También nos recordaron algo que Mishima escribió poco después de la guerra: que solo preservando aquello que hace a Japón irreductiblemente irracional, desde una mirada occidental, ese país podría contribuir a la cultura mundial en los próximos cien años. Un pronóstico temprano que hoy, de alguna manera, es una realidad.
Esa palabra se nos quedó flotando: irracionalidad japonesa. No como algo que se opone a la razón, sino como una forma de habitar el mundo que no se deja capturar del todo: una lógica del gesto, del silencio, del borde. Le dimos vueltas, la compartimos, nos preguntamos si cada tradición tiene su propio núcleo inasible.
Mishima, ultramoderno y tradicional al mismo tiempo, nos recordó que la identidad no es una suma de partes, sino una tensión viva. Y tal vez esa irracionalidad sea el punto donde lo contradictorio convive sin resolverse. Donde se puede ser cosmopolita y defender lo local. Donde un termo viejo puede contar una historia de guerra, de amor, de muerte, de soledad.
El club no buscaba respuestas definitivas. Buscaba eso: un espacio para leer juntos, para tomar té, para decir "esto no lo entiendo del todo" y que eso esté bien.
Esa irracionalidad, la que Mishima quería preservar, la que nos sigue intrigando, quizás sea también la que nos permite seguir encontrándonos alrededor de una mesa, con textos que nos exceden y preguntas que no terminan de cerrarse.
Gracias a Andi, a Martín, y a los participantes de este club.
El club sigue. La próxima edición va a ser en Julio.




