El año pasado heredé la biblioteca de mi tío. Para mí fue una herencia muy significativa. Mi tío me enseñó a leer y a escribir. Su biblioteca estaba formada por libros de filosofía, muchos de historia, algunas novelas, libros de ciencia. Cuando separé los libros para el taller de collage, me guardé los subrayados: quería ver las ideas que le habían llamado la atención.

En uno de ellos estaba subrayada una frase:

"La hierba crece sola

donde el camino se borra

y aún así florece."

Cuando iba a visitarlo, hablaba de Manchuria, nunca de poesía.

El sábado hicimos un taller de collage junto a Javier Cuberos. Aproveché para hacer mi propio collage. Usé como base unas coberturas que se usan en Japón para preservar cierto secreto de lo que se lee, son fundas de tela o papel que protegen los libros y ocultan su título a la mirada ajena, como un pequeño acto de intimidad con la lectura.

El libro que elegí era de Jodo Shinshu. El Jodo Shinshu es una escuela del budismo, fundada por Shinran en el Japón medieval. Su enseñanza central es la confianza en Amitābha y la fe como camino a la iluminación, sin grandes prácticas ascéticas. Es un budismo de gente común, de pescadores y campesinos, donde la salvación no se gana con esfuerzo, sino que se recibe como un regalo.

Armé mi collage en la parte de atrás de la cobertura, también como un secreto: algo que se esconde y que, al ser visto, se revela. Entre los libros que llevé para el taller, encontré algunos con anotaciones de mi tío, asi que los apropié para el collage. Con lápiz, estaba escrito:

"¿Qué es la muerte?"
"Carta de despedida"

Después, agarré unas hojas y las corté. No seguí la orientación natural de la escritura japonesa, sino que las corté por el otro lado, rompiendo la dirección esperada. Y así, casi sin querer, se formó una especie de poema:

Siempre a mi lado,

aunque sea en un rincón,

eres a quien quiero conservar.

Sin embargo,

poco a poco

me he vuelto más sensible.

Oculta a nuestros ojos,

mi lápida.

Armar,

cambiar,

continuar.

Rescaté unos sutras. Incorporé unas cintas que llevan los libros como señaladores.

Todo fue como una operación secreta, como si mi tío, desde algún lugar, me hubiera mandado un par de mensajes. Y yo, sin saberlo, solo los estaba recibiendo.

Adjunto algunas fotos de otros collages que se hicieron en el taller.
Vamos a repetir la experiencia en agosto.

Próximamente más información.