Iniciar el año es, simbólicamente, enfrentarse a una página en blanco. Pero en nuestra época, ese vacío se llena al instante: con resoluciones ruidosas, planes sobrecargados, metas optimizadas, calendarios saturados. El pánico al vacío nos hace llenar el año antes de que empiece.
En Casa Yui, festejamos el año nuevo lunar. Comienza con una línea en el vacío. En sumi-e, la primera pincelada es irrevocable. No hay Ctrl+Z. Esto nos entrena para comprometernos con nuestras decisiones iniciales, aceptar que el trazo, la acción, tendrá consecuencias y confiar en el gesto preparado, la intención clara, sobre la planificación obsesiva.
Frente a la cultura de la acumulación de más metas, más proyecto y más logros, el sumi-e enseña sustracción. Con un solo color y pocas líneas, se sugiere un mundo entero.
Iniciamos el año no llenando la libreta, sino respetando sus márgenes. El vacío no es algo a temer, sino el útero de lo posible. Como primer actividad del año, pensamos en un taller que nos enseña a valorar los espacios en blanco de nuestra propia vida.
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