Watsuji Tetsurō (1889-1960) fue un filósofo japonés que, a principios del siglo XX, emprendió un viaje a Occidente. Como tantos intelectuales de su época, se encontró con la filosofía europea —especialmente con la obra de Martin Heidegger, Ser y Tiempo (1927)—. Pero Watsuji no se limitó a importar ideas. Tuvo una intuición radical: Heidegger hablaba del tiempo, pero olvidaba el espacio. Hablaba de la existencia humana, pero olvidaba el clima, el suelo, la estación, el paisaje concreto en el que esa existencia ocurre.
Fue así que desarrolló el concepto de fūdo (風土), un término que literalmente significa "viento y tierra". Publicado en su obra homónima de 1935 (traducida a menudo como Clima y Cultura o El medio humano), el fūdo designa algo que no tiene traducción directa en las lenguas occidentales. No es simplemente "naturaleza", porque incluye la cultura. No es simplemente "entorno", porque incluye la subjetividad. No es simplemente "lugar", porque incluye la relación.
Fūdo es el carácter concreto de un lugar: la estructura relacional en la que el clima (el viento, la lluvia, el calor, el frío), el suelo (la tierra, la geografía, los recursos) y los seres humanos se moldean mutuamente en un diálogo ininterrumpido.
Para Watsuji, no podemos entendernos a nosotros mismos sin entender el fūdo del que venimos. Y no podemos entender un fūdo sin entender a los seres humanos que lo habitan. Es una danza de determinación recíproca, lo que el filósofo francés Augustin Berque (gran traductor y difusor de Watsuji) llamaría más tarde la médiance: el sentido del medio, el acoplamiento indisoluble entre el ser humano y su entorno.
El diseño moderno trata al territorio como fondo de inversión. Un suelo es "potencial urbanístico". Un bosque es "inventario de madera". Un río es "recurso hídrico". Esta reducción no es neutral: es la antesala del extractivismo. Es la negación del fūdo.
El fūdo está herido. Y la herida tiene nombre: minería a cielo abierto, agronegocios, megarepresas, plásticos fósiles, obsolescencia programada. Cada objeto que diseñan, si no interrogan su origen y su destino, puede ser una puntada más en esa herida.
Desde la perspectiva de Watsuji, el extractivismo no es simplemente "sacar recursos". Es un desgarro ontológico porque ataca la trama de relaciones que constituye la identidad de un lugar. Cuando una minera a cielo abierto destruye una montaña, no está solo "extrayendo minerales". Está cortando la relación entre esa montaña y las lluvias que alimentan los acuíferos. Está borrando los nombres, las historias y los rituales que los pueblos originarios tejían con esa cumbre.
En el segundo Módulo del Laboratorio de Diseño Experimental vamos a detenernos. Vamos a preguntarnos, juntos, qué significa diseñar desde un territorio herido y cómo el concepto de fūdo puede transformar, o incluso subvertir, nuestras prácticas cotidianas como diseñadores, artistas y artesanos.
No es necesario que hayas participado del Módulo 1. Cada encuentro está pensado como una puerta de entrada independiente. Traé tus dudas, tus materiales, tu oficio. Y, sobre todo, traé tu disposición a desaprender.
📍 Información práctica
Lugar: Casa Yui – Venezuela 468, San Telmo
Fecha: Miércoles 29 de abril
Horario: 18 a 21 h
Cupos limitados.
Para informes e escirpciones 1140464601 o [email protected]
